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¿Como transformar el mundo?

Updated: Nov 14, 2021



¿Como transformar el mundo? El método de Jesús


“Llamó a los que Él quiso, y ellos vinieron a Él. Y designó a doce, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (LBA, Marcos 3:13-14).


Lo habría hecho de otra manera, si yo fuera Jesús. Si la transformación del mundo entero dependiera de mí o si llegar a millones de personas de diferentes trasfondos socioeconómicos, culturales, étnicos y religiosos con un mensaje de salvación y esperanza era mi meta, entonces no puedo dejar de pensar que mis métodos habrían diferido mucho del Mesías prometido, el hijo de Dios.


Antes de que me tire la primera piedra, piense por un momento. ¿No tendría más sentido reunir a todos los “influencers”, políticos y gobernantes del mundo, ricos y poderosos para formar un dream team? ¿No tendría más sentido convocar una cumbre global para persuadir con palabras elocuentes y asombrar a todos con milagros y señales? Hubiese resucitado a tanta gente de los muertos que los cementerios quedarían vacíos. Hubiese sanado a todos los enfermos y quebrar el negocio de la medicina, dejando los hospitales vacíos. De esta forma, nadie se atrevería a dudar de mi identidad. Desde esta plataforma podría transmitir mi mensaje con la máxima eficiencia, pero por suerte, no soy el Hijo de Dios.


Jesús, siendo la personificación de la sabiduría, veía las cosas desde otra perspectiva. Los ricos y poderosos no le impresionaban. Su método era distinto. Llamó a sus seguidores de la oscuridad; los llamó para que lo siguieran y aprendieran de Él. Hombres comunes y corrientes algunos con poca educación, inarticulados, ásperos (con este grupo de “sencillos y olientes a pescado”) edificó su iglesia. Entonces hizo algo que nadie en ese momento esperaba que el Mesías hiciera: Él vivió con ellos durante tres años.


¿Alguna vez se ha preguntado por qué decidió Jesús hacerlo de esta manera? Creo que Jesús sabía algo sobre los seres humanos que pocas personas han podido entender: la mera información no cambia nunca a las personas. Sólo cuando el corazón está penetrado (por la gracia y la verdad) experimenta cambio y transformación real.


Hemos pasado el tiempo de nuestras vidas escuchando a políticos y oradores (religiosos y seculares) difundir sus mensajes por los medios de comunicación y las redes sociales, pero ¿hasta qué punto podemos confiar en estos individuos, y mucho menos recordar lo que han dicho? Jesús sabía algo: para que su evangelio y su pequeño grupo sobrevivieran después de su muerte y su ascensión, Él tenía que insertarles su ADN, por así decirlo. Los milagros solos no lo harían, el sermón del monte no lo haría, los buenos sentimientos que sus discípulos tenían por él no lo harían. Sólo, una relación profunda e íntima, el contacto constante, la relación transformacional que tuvo con sus discípulos llevaría a cabo su objetivo.

Jesús vivió con sus seguidores, atendió a sus necesidades espirituales y físicas. Caminaba codo a codo con ellos en los caminos polvorientos de Judea, y durmió bajo las estrellas con ellos en incontables noches, Él escuchó sus ronquidos, Él se rió con ellos, lloró con ellos, les lavó los pies sucios y los reprendió cuando estaban fuera de lugar, les enseñó lo que significa amar y compartió con ellos los secretos de su reino.


Él les modeló el discipulado.


Fue importante lo que les dijo (enseñanzas), lo que hizo delante de ellos (milagros y señales prodigiosas), pero lo más importante, lo que más impacto tuvo en ellos, fue quien era (es) Jesús y la relación cercana que tuvieron con el maestro.


—Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?

—Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente —afirmó Simón Pedro.

—Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás —le dijo Jesús—, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo” (NVI, Mateo 16, 15-17).


Jesús no es considerado (por sus discípulos) como un profeta más en la línea de los profetas del Antiguo Testamento, que hablaban de los misterios de Dios. Los profetas hablaban de parte de Dios, o sobre Dios: pero Jesús, a la luz de la Pascua, es confesado como verdadera Palabra de Dios, la Palabra «por la cual fueron hechas todas las cosas», «que estaba en Dios y era Dios» (Juan 1:1-3), es decir, Dios mismo manifestándose entre los hombres en forma humana: por eso es «la Palabra que se ha hecho carne y ha puesto morada entre nosotros», a través de la cual «hemos visto la gloria de Dios, gloria que recibe del Padre como hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14).


Cada momento que pasaba con sus discípulos, su vida fue impartida a ellos, poco a poco-él sabía que con el tiempo llegarían a ser como él. Les dio su Espíritu (Juan 20:22) …Ellos serían los cristianos "pequeños cristos" que trastornarían el mundo con su manera radical de vivir. Justo antes de irse, Jesús reunió a sus discípulos porque tenía una tarea urgente que darles y les dijo:


“Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones…” (NVI, Mateo 28:18-20).


En otras palabras, vayan y expandan el reino de Dios hasta el fin de la Tierra, proclamen las buenas nuevas del perdón de Dios, demuestren el amor de Dios a través de sus vidas, palabras y obras, y hagan nuevos discípulos de todas las naciones. Eso es lo que vemos en Hechos, a partir de ese grupo inicial de ciento veinte seguidores, los discípulos se multiplicaron y crecieron exponencialmente.


¡Imagínese un día en que hacer discípulos es la norma para la iglesia local! Todos los días los cristianos entablan relaciones con personas para que puedan inspirarles a tener una pasión por Cristo, amar a la gente, hacer discípulos y servir. Las iglesias son conocidas como grupos que siguen a Cristo y comisionados por él. El fin último de los ministerios/programas es discipular a la gente y mostrarles el amor de Cristo. Y los pastores son evaluados como discípulos de Jesús que entablan relaciones con las personas para ayudarles intencionalmente a seguir a Jesús, ser cambiados por Jesús y unirse a la misión de Jesús (haciendo discípulos que hagan discípulos) ...iglesias locales donde el mensaje de Jesús y el método de Jesús dominan.


¿Qué impacto tendríamos?


Autor: Stanley J. Philippe

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