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Discipulado por Cristo



Discipulado por Cristo


“El discipulado de Jesús [es] el corazón mismo del evangelio”. -Dallas Willard


Durante mis primeros años pastoreando, acepté una falacia que muchos otros han comprado una y otra vez. Con demasiada frecuencia, mi enfoque estaba en tener éxito en servir y ayudar a los demás, y si me quedaba algo de tiempo, podía sentarme a los pies de Cristo para escucharlo, y contemplar Su hermosura, gracia y verdad. Además, parece que siempre había algo urgente (secundario) que hacer y nunca quedaba tiempo para hacer lo que debía ser mi máxima prioridad. Debo aclarar que no hay nada de malo en querer servir y ayudar a otros, siempre y cuando sean secundarias a la invitación de Jesús. Una de las cosas cruciales aprendidas con el paso de los años es la preeminencia de Jesucristo en la vida del creyente. En otras palabras, el papel más importante de un creyente o líder cristiano es desarrollar una relación íntima con Cristo (ser discipulado por Jesucristo).


Todo comenzó con una invitación. La invitación más importante que haya recibido en mi vida. Jesús comienza Su invitación diciendo: “vengan a mí…” (Mateo 11:28). No podía creer que Jesús quería discipularme. Su invitación me dejó maravillado y atónito; cambió mi perspectiva y prioridad.


¿Sabías que puedes ser discipulado por el maestro discipulador, Jesús? ¿Me creerías si te dijera que el mismo Jesús desea enseñarte y pasar tiempo contigo?


Lamentablemente, a pesar de lo grandiosa que es Su invitación, muchos han sido paralizados por el miedo o el orgullo, no responden. Por naturaleza, tenemos miedo a lo desconocido, al compromiso, al sacrificio, y a tomar riesgo. Ciertamente, Su invitación implica rendición, cambio, entrega y compromiso. Sin embargo, cuando confiamos en el Señor lo suficiente como para seguirlo; cuando estamos dispuestos a sacrificar nuestros ídolos y pasiones, Él nos bendecirá conforme a Sus riquezas inagotables… nos guiará más allá de lo soñado.


ANATOMÍA DE SU INVITACIÓN:


"Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana." Mateo 11:28-30


Normalmente, en nuestro mundo actual, una invitación tiene al menos tres componentes:

De quién proviene la invitación, a quién se le da y qué se le ofrece.


EL ANFITRIÓN


Vengan a mí… (v. 28)


¿De quién proviene la invitación? Jesucristo, aquel que es suficiente y supremo, es quien invita. La invitación proviene nada más y nada menos que del ungido de Dios, Jesús. Esto debería producir en nosotros alegría desbordante, profundo asombro e inmensa expectativa. Justo antes de que Jesús hiciera esta invitación, dijo: “Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo” (Mateo 11:27). En otras palabras, no podemos encontrar paz con Dios el Padre excepto a través de Jesucristo, Su Hijo. Nada puede crear verdadera vida espiritual fuera de Cristo: ni la religión, ni el esfuerzo humano, ni la penitencia, ni las buenas obras, ni el estudio teológico, ni ninguna otra cosa. Porque solo Jesús es supremo en todas las cosas, solo Cristo es suficiente; solo él puede revelarnos al Padre (como vimos en el artículo anterior).


Es importante resaltar que Jesús es el iniciador en la relación. Cristo nos invita a estar con Él porque Su objetivo original en la encarnación no fue establecer una nueva religión. Jesucristo vino a hacer lo principal, lo principal nuevamente. El Verbo se hizo carne y habitó entre los hombres para restaurar una relación rota. En última instancia, ¿cuál fue su propósito al morir por nosotros? Después de que Jesús entregó Su espíritu al Padre mientras estaba en la cruz, lo primero que sucedió fue que el velo, la entrada al Lugar Santísimo, se rasgó de arriba abajo (Mateo 27: 50,51). El enfoque final del templo era el Lugar Santísimo, el lugar de intimidad (el lugar de reunión para hablarle al pueblo). La rotura del velo de arriba abajo es buena noticia por su significado. El velo en el templo era un recordatorio constante de la separación entre el hombre y Dios. Cuando Jesús gritó “consumado es”, estaba diciendo: ¡Por fin, pagué la deuda! ¡Ya todos tienen acceso al trono de la gracia! ¡Entren y acérquense al Padre confiadamente!


Jesús dijo: “Vengan a mí…” ¡Que pensamiento más asombroso! Ser llamado por el Hijo de Dios. No está diciendo, "sigan alguna doctrina o estas leyes". Él está diciendo, "vengan a mí", ¿Así que cuál es el punto de todo esto? Más que nada, Jesús quiere intimidad con nosotros. Esto es escandaloso y asombroso a la vez. Habiendo dicho esto, Jesucristo no es un objeto para ser estudiado, sino una persona para ser conocida y contemplada.


La prioridad de la vida es ser discipulado por Él. Pablo dice que debemos aferrarnos a Jesús, la cabeza de la Iglesia (Colosenses 2:19). Mientras nos aferramos a Jesús, lo escuchamos y le respondemos, seremos transformados a Su imagen, daremos frutos duraderos y tendremos alegría. Cualquier otra cosa (incluyendo la familia, el ministerio, el trabajo o el estudio) es secundario y no debe competir con lo principal. ¿Sabes por qué? La razón es simple… Solo a través de nuestra unión y comunión con Jesús se producirá verdadera transformación y fruto espiritual.


Cualquier otra cosa nunca nos satisfará ni a nosotros ni a Dios.


LOS INVITADOS


"Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados…" (v. 28)


¿A quién se le da la invitación? Es una invitación abierta e incluyente. Su invitación es para “todos” los que están cansados y agobiados—los judíos, quienes estaban cargados de las interpretaciones e imposiciones farisaicas de sus lideres religiosos; los pecadores, quienes estaban agobiados bajo el yugo pesado del pecado; los creyentes, quienes se estaban preguntando si Jesús podía proporcionarles todo lo que necesitaban. Su invitación sigue activa hoy… y es para “todos” los que están cansados, cargados, agobiados; es para todos los que tambalean bajo el peso fastidioso del pecado, de la religión, del desempeño, de la superficialidad; es para todos los que anhelan imitarlo, conocerlo, estar con Él y aprender de Él. Su invitación tal vez es para ti…


LA OFERTA


Vengan a mí…y yo les daré descanso. (v. 28)


¿Qué se le ofrece? Vengan a mí y les daré vida: la vida eterna, una vida plena; serán mis discípulos, tendrán más vitalidad de la que puedan imaginar, más gozo del que puedan contener, la paz que sobrepasa todo entendimiento y serán mis colaboradores. Jesús nos está ofreciendo verdadera transformación y fruto espiritual. Para Jesús, el discipulado no se trataba de completar una clase, como hacemos a menudo. El discipulado para Jesús consistió ante todo en estar con sus discípulos, estar con ellos para transformarlos a su imagen y hacer de ellos hacedores de discípulos (Marcos 3:16-17).


"Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma." (v. 29)


El apacible y humilde de corazón nos invita a tomar su yugo ... porque su yugo es fácil y su carga es liviana. Un yugo es un implemento agrícola que une a dos bueyes (de los cuales uno es más experimentado y fuerte), para que los animales puedan compartir la carga de trabajo y ser más productivos. Cuando Jesús nos discípula, lleva la parte más pesada del yugo y nosotros cargamos la parte más fácil. Al usar la ilustración de un yugo, Cristo nos pide que compartamos nuestras cargas, seamos Sus aprendices y colaboradores en su misión redentora.


Su yugo es una ilustración de intimidad, rendición, aprendizaje y colaboración.


Jesús nos invita a trabajar en yugo a Su lado, a tener intimidad con Él con la promesa de descanso para nuestras almas. Si hacemos nuestro trabajo en yugo con Cristo, encontraremos satisfacción, plenitud y daremos muchos frutos.


Cargar Su yugo es ser discipulado, es posicionarse para crecer en gracia. Su yugo es el lugar donde mejor se manifiesta la gracia de Dios. En su presencia, hay abundancia de gracia. Venir a Cristo y llevar Su yugo es recibir abundante gracia para ser transformados y tener una vida fructífera.


Otro beneficio que conlleva Su invitación es: la intimidad con el Rey cósmico. ¿Qué entendemos por intimidad? Intimidad es donde somos totalmente libres para desnudarnos, arrepentirnos; ser sinceros acerca de nuestros sentimientos, dudas, miedos y luchas, así como derramar nuestra adoración, gratitud y amor sobre Él. Además, intimidad es la intersección de nuestra pecaminosidad (deficiencia) con Su gracia suficiente, capacitándonos para la vida de piedad. La intimidad se trata de una relación simbiótica con el Cristo vivo.


"Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana." (v. 30)


La gran noticia del evangelio es precisamente que Jesús quiere estar con nosotros para compartir nuestra lucha, aliviar nuestra carga, discipularnos... para estar con nosotros en todos los aspectos de nuestra vida. Rechazar su invitación es ser como un necio que intenta navegar en lo desconocido, un campo minado, sin un mapa, limitado a lo que puede percibir... cuando podría tener un dispositivo GPS que le proporcione informaciones en tiempo real. El Hijo de Dios quiere discipularte. Y te dice: "Ven a mi…".


Espero que no lo veas como una especie de interrupción, sino un tremendo honor y privilegio.


Autor: Stanley J. Philippe

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